¿Son mejores los productos ecológicos que los convencionales?


Cada vez intentamos cuidarnos más, hacer ejercicio físico y comer de un modo más saludable. Por ello, nos fijamos también en que los productos que compramos sean lo menos artificiales posible e, incluso, que sean ecológicos. Sin embargo, ¿esta etiqueta es sinónimo de sostenible o sano?

Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, manifiesta que son muchos los requisitos que se exigen para que un alimento pueda llevar la etiqueta ‘ecológico’: «En la producción de alimentos de origen vegetal hay una lista reducida de fitosanitarios (pesticidas) que se pueden emplear, un número mucho menor que en el caso de la producción convencional».

En ganadería es obligatorio que los animales dispongan de una determinada superficie mínima.

 Además, Luis Riera, tecnólogo de alimentos, añade que se tiene en cuenta la cantidad de antibióticos y medicamentos que se le han dado al animal y la alimentación del mismo también debe ser ecológica.

A pesar de ello, Lurueña considera que la legislación tiene graves carencias que deberían ser mejoradas para lograr que la producción que se define como ecológica se acerque más a la idea que tenemos de ella. «Por ejemplo, en el reglamento no se hace referencia a cuestiones como el uso de plástico en los envases, al consumo de agua o a la huella de carbono, que son fundamentales si hablamos de sostenibilidad, concepto que suele ligarse a la producción ecológica».

Por otra parte, que un alimento no lleve ese sello no significa necesariamente que haya sido producido de forma intensiva o poco fiable. «De hecho, podemos encontrar carne procedente de vacas criadas en extensivo pastando por el campo con una gran extensión de terreno para cada animal y, a pesar de ello, no estar etiquetadas con el sello ecológico, simplemente porque el productor no quiere acogerse a él», expone el experto.

En cualquier caso, todos los alimentos deben cumplir la legislación en lo referente a los residuos de medicamentos o fitosanitarios y los límites son los mismos para todos, independientemente de que tengan el sello ecológico o no.

¿Son más saludables?

Riera indica que desde el momento en que no hay productos químicos a su alrededor, tiene menos tóxicos y por tanto será considerado más saludable. Además, al no tener productos químicos, la pigmentación del producto en más intensa.

No obstante, el tecnólogo apunta que puede pasar que el producto sea ecológico, pero no sea saludable porque es ultraprocesado y contiene muchos azúcares.

«También debemos tener en cuenta algo que a veces pasa en los catering ecológicos de los colegios», advierte Riera. Y es que esos productos tienen más microorganismos por no haber estado expuestos casi a sustancias químicas, lo que puede provocar alguna pequeña indigestión. En estos casos, Riera recomienda higienizar el producto antes de consumirlo.

Por su parte, Lurueña declara que hay estudios que muestran que los productos ecológicos tienen una mejor composición (por ejemplo, más cantidad de antioxidantes) o que las personas que los consumen gozan de mejor salud.

«Pero es importante señalar que a menudo los diseños experimentales de los estudios que llegan a estas conclusiones no son del todo correctos», añade Lurueña y se pregunta: «¿La salud de las personas que consumen alimentos ecológicos es mejor por el hecho de hacerlo o porque se preocupan especialmente por la salud y llevan una vida más saludable, en la que predominan los alimentos frescos o poco procesados de origen vegetal, realizan actividad física, no fuman y no beben alcohol?».

Confusión con productos de temporada o cercanía

Otro de los problemas de los productos ecológicos –señala Lurueña– es la terminología y la promoción que a veces se hace de ellos. El término ‘ecológico’ –continúa– nos transmite la idea de que el producto es más respetuoso con el medio ambiente, pero no tiene por qué ser así necesariamente. «La publicidad también contribuye a que pensemos esto y a que este tipo de productos son más seguros, más saludables y más sabrosos, pero tampoco tiene por qué ser así».

«En el mercado podemos encontrar jengibre procedente de Perú envasado en plástico y con el sello ecológico, que de sostenible tiene poco. Por otro lado, podemos encontrar manzanas a granel del pueblo de al lado, sin sello ecológico, pero ser más sostenibles», defiende el experto.

Riera está de acuerdo, y al comparar una manzana ecológica de proximidad con otra no ecólogica de proximidad, opina que es mejor la ecológica, «pero siempre que estemos comparando el mismo producto en las mismas condiciones».

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