Por qué cuando vemos una película queremos ser como sus personajes


¿Has llorado al ver sufrir a un personaje con el que te identificas? ¿Se te ha tensado el cuerpo al verlo a punto de ser agredido? ¿Has salido del cine imitando gestos o frases de alguno de ellos?

Olga Fernández-Velilla, psicóloga en Cláritas, indica que cuando vemos una película el cerebro se activa y las diferentes secuencias ponen en marcha los mecanismos sensoriales, emocionales, de la atención, comprensión o de la memoria. «El hipocampo se ve implicado en la memoria, el área occipital en la parte visual y la temporal en la auditiva. De la parte emocional se encarga el sistema límbico y de la atención y comprender el argumento, la corteza prefrontal». Dependiendo del género de la película, se

 estimularán unas áreas u otras.

Concretamente, Regina Insa, psicóloga, terapeuta Gestalt y coach de
Mundopsicologos.com
, explica que se activan las neuronas espejo: «En nuestro cerebro se estimulan las mismas áreas cuando observamos que cuando ejecutamos determinadas acciones. También cuando observamos en el otro determinadas vivencias. Así, se activa la reacción como si fuésemos nosotros quien las vive».

Por ejemplo, si observas qué pasa cuando piensas en un zumo de limón, notarás salivación extra en tu boca, similar a cuando tienes delante el zumo. Insa apunta que ahí se te están activando algunas de tus neuronas espejo. «Ocurre lo mismo con las emociones y sensaciones».

Por otra parte, esta psicóloga añade que en el proceso de identificación influyen las características de la película, las de la propia persona y la actitud interpretativa. «No es pensar que se es la misma persona que el personaje, sino que se está imaginando en su misma situación; se produce una empatía emocional». Y es que somos capaces de sentir lo que siente el personaje y nos implicamos afectivamente como si fuésemos él.

«Podemos adoptar el mismo punto de vista que el personaje o ponernos en su lugar, teniendo empatía cognitiva», expresa Insa. Esto nos puede llevar a sentirnos absorbidos totalmente por el personaje y a tener la sensación de que somos él, perdiendo temporalmente la autoconciencia.

Cuando creemos ser el personaje con el que nos identificamos, Insa manifiesta que se debe a que experimentamos hacia él el sentir que tenemos por nosotros mismos. «Ocurre muchas veces que el personaje no es más que una proyección de nuestro yo ideal: ese tipo de persona que nos gustaría ser, cómo nos gustaría sentirnos…».

«En ocasiones, sentirnos el personaje es una vía de escape y un alivio en nuestras vidas agotadoras, llenas de problemas o situaciones complejas. Otras veces es el motor que nos llevará a un replanteamiento de nuestra situación actual y a movilizarnos para que esta mejore», expone la psicóloga.

¿Ocurre lo mismo con todos los géneros?

Insa señala que en el proceso de autorregulación organísmica (capacidad del individuo de regularse a sí mismo), intervienen tres sistemas internos: el mental o cognitivo, el emocional y el corporal o instintivo. Un equilibro entre los tres es lo que nos da cierta estabilidad y sensación de bienestar.

En cada persona, explica la psicóloga, hay una predominancia de uno los tres sistemas: «Hay personas que son mentales, todo estímulo se filtra desde la mente, se elabora y tal vez, después, pueda ser sentido; otras son emocionales, primero se siente la emoción y luego se percibe su efecto físico; y hay personas instintivas, que reaccionan visceralmente y su sentir y pensar viene después».

Según la preferencia de cada persona, la identificación será con un género u otro, bien por afinidad o por oposición. «Una persona mental tenderá a rehuir de películas románticas, ya que tiene cierta dificultad para sintonizar con lo emocional, pero estará en su salsa en filmes de intriga o suspense, identificándose con el personaje que soluciona la trama más que con las víctimas», explica Insa.

«Una persona emocional preferirá los dramas y las tragicomedias. En un filme de acción tenderá a identificarse con el personaje más emocional, con las víctimas y su sentir. Por último, un individuo visceral disfrutará de películas de acción, terror o aventuras, reconociéndose con el villano o el héroe, con el que más acción e impacto genere», expone.

Fernández-Velilla añade que lo que nos hace disfrutar de las películas tristes es la conexión que hay entre la tristeza y el placer. «Nadie quiere sufrir por el mero hecho de hacerlo, pero, en momentos difíciles, ver películas donde observamos emociones similares a las nuestras nos hace comprender mejor lo que nos pasa y sentirnos entendidos. En ocasiones, hasta nos puede ayudar a cambiar el enfoque».

Algo similar ocurre con las películas de terror: la respuesta parece que está en la sensación de calma y alivio que viene después. «La reacción inmediata al terror es física, ya que el cuerpo se predispone para la huida o la protección, incrementándose la tensión sanguínea y el ritmo cardíaco, y se dispara la adrenalina. La adrenalina genera dopamina, que es la hormona de la felicidad. Por lo que la sensación posterior al miedo, una vez ha pasado, es de bienestar y felicidad», comparte Insa.

El espacio influye

«El espacio es otro estímulo más que rodea la identificación. A más intensidad, más identificación», señala Insa. En el cine, el sonido envolvente, las imágenes a gran tamaño y el ambiente reactivo del público intensifican esta identificación.

Asimismo, esta psicóloga apunta que muchas personas en el cine consumen glucosa con golosinas o bebidas gaseosas: «Recordemos que el azúcar es un excitante y, como tal, intensificará los estímulos y las reacciones fisiológicas, y potenciará la identificación».

Por el contrario, señala que para algunas personas, la calma de la casa, el control de los ruidos y volumen permitirá un ambiente propicio para la concentración en la película y poderse identificar más profundamente con el personaje al que admira.

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