«Cuanto antes veamos el final de una etapa antes podremos empezar una nueva»


Carla aspiraba a ser alguien en el mundo del deporte. De hecho ya era alguien pero nunca había ganado una competición de las grandes. El deporte le había permitido vivir, viajar y disfrutar, pero no estaba satisfecha: quería pasar a la historia. Ya hacía muchos meses que no disfrutaba compitiendo. Cada vez más mayor, más cansada y más lesionada veía como su sueño se iba alejando.

Ramón quería seguir queriendo a María. Lo intentaba con todas sus fuerzas pero no lo conseguía. Cada noche, apurando su segunda copa de vino, cerraba los ojos y pensaba en sus hijos. «Un día más», se decía para él mismo. La relación estaba tocada de muerte, hace ya mucho, pero Carlos se resistía a aceptarlo.

Almudena volvió a discutir con Jesús. Por favor mamá no me des un beso delante del instituto. Ramón era tan alto, tan guapo y tan listo. Almudena lo miraba mientras bajaba del coche. A partir de septiembre ya no lo volvería a ver cada día. Se iba a estudiar fuera. Para ella seguía siendo su niño. Se pasó todo el camino al trabajo llorando.

Los domingos por la tarde de Emilio eran una tortura para toda la familia. Cada vez estaba de peor humor. De acuerdo que su trabajo suponía una tortura para él, pero es que ni tan solo había buscado otras opciones. Parecía como si Emilio no quisiera darse cuenta de que su trabajo le estaba quitando la vida cuando podía trabajar de cualquier cosa, Se había resignado a sufrir y no quería darse cuenta de que su trabajo ya no le aportaba ninguna experiencia positiva.

Quizás te hayas sentido identificado con alguno de los protagonistas de este artículo. Quizás conozca a algún Emilio, Ramón o Almudena. Lo cierto es que lo que aquí describo suele ser más frecuente de lo que creemos. A menudo somos incapaces de darle carpetazo a una etapa de la vida y eso, querido lector, no es pensar bonito.

En esta vida todo son etapas, debemos aceptarlo y ser capaces de identificar cuando se está acabando una etapa para poder empezar una etapa nueva.

«Todo llega a su fin y no debemos quedarnos anclados en el pasado. Es más, cuanto antes veamos ese final de etapa antes podremos empezar una nueva, recuperar la ilusión y vivir una vida bonita»

Carla se ha gastado todo su dinero en entrenadores, tratamientos de células madre para las lesiones y psicólogos, pero lo cierto es que podría haberlo invertido mejor. Carla puede disfrutar de un retiro dorado como amateur, dedicarse a hacer campañas de publicidad, charlas motivacionales o incluso crear su propia escuela y centro de entrenamiento.

Ramón cree que lo mejor para los niños es que la relación de pareja continúe, pero lo cierto es que cada vez está de más mal humor, ha empezado a abusar del alcohol y les está dando un modelo y un ejemplo de relación a sus hijos que no es nada sano.

Almudena está provocando que su hijo se distancie de ella y no quiera verla. El vínculo entre madre e hijo se está deteriorando irremediablemente y sin saberlo, está provocando lo que ella tanto ha temido.

Emilio comete muchos errores en el trabajo, llega el último y se va el primero y su cara de pocos amigos está provocando que su jefe haya pedido su traslado a recursos humanos.

La vida debería ser mucho más sencilla. Si Carla hubiera aceptado que su etapa de máximo rendimiento se ha acabado podría disfrutar creando un nuevo proyecto. Ramón podría estar conociendo a otra persona y recuperando la ilusión por el amor. Almudena debería adaptar su estilo de relación a las necesidades de su hijo ya mayor y Emilio debería estar buscando un nuevo trabajo con una carta de recomendación de su jefe bajo el brazo.

Todo llega a su fin y no debemos quedarnos anclados en el pasado. Es más, cuanto antes veamos ese final de etapa antes podremos empezar una nueva, recuperar la ilusión y vivir una vida bonita.

Ajustemos nuestras expectativas, nada dura para siempre. Disfrutemos de cada etapa y digamos adiós a lo vivido felices de haber tenido la oportunidad de haberlo experimentado.

El apego al pasado nos limita el presente. Vivir bonito es aceptar que la vida es cambio y que el futuro no tiene por qué ser peor que lo vivido. La vida es un ir y venir, un empezar y un terminar, una evolución constante en la que no podemos quedarnos anclados en el pasado.

Puedes descubrir otros consejos para pensar bonito de Tomás Navarro en su obra ‘
Piensa bonito’.

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