la actividad que te hace sentir como si estuvieras en el espacio


Como bien dijo el lunes Rodrigo Cortés en su ‘Verbolario’: «Bucear es sobrevolar el fondo marino». Esta práctica se hacía antiguamente para conseguir alimentos o para obtener riquezas como el coral o las perlas. Pero por aquel entonces no se llevaban botellas de oxígeno, sino que se hacía a pulmón, sin necesidad de ningún instrumento.

Este tipo de buceo se sigue practicando de manera habitual en algunas tribus con el mismo objetivo. Tanto es así, que han llegado a tener una adaptación al medio que les permite estar más de diez minutos en apnea debajo del agua.

En la segunda mitad del siglo XVIII se empezó a desarrollar el buceo con escafandra y desde entonces ha ido evolucionando, tomando gran impulso en la primera mitad del siglo XIX, aunque el sistema limitaba bastante la movilidad dado que el buceador estaba conectado a la superficie con una manguera.

El siguiente hito que buscaron los investigadores fue buscar el máximo de autonomía, lo que se logró en 1942, cuando se consiguió que las personas bucearan sin estar ligadas a la superficie gracias a la combinación de un regulador con una botella de aire comprimido que permitía al sujeto respirar. Desde entonces, la investigación sobre el buceo y la mejora de los equipos ha hecho que se expanda esta actividad como plan de ocio deportivo.

Jordi Villahoz, PADI Instructor en
Delta Buceo
(La Herradura, Granada) explica que el buceo con botella, en formato recreativo, es una actividad que nos permite convivir con el ecosistema submarino durante una hora aproximadamente por cada inmersión. «Esto significa que tenemos el privilegio de observar cómo viven las especies debajo del mar y sentirnos parte de ello, ingrávidos, ligeros como plumas, sin limitación para seguir respirando durante todo ese rato, y pudiendo explorar diferentes profundidades (hasta 40 metros en recreativo), con lo que ello implica a efectos de diversidad de especies y morfología de los fondos».

Estas características suponen una gran diferencia con el snorkel, donde no hay interacción ninguna con el medio, pues estamos limitados a ser meros observadores desde una ‘ventana en el techo’. En cambio, «el buceo te hace sentir como si estuvieras en el espacio», apunta Villahoz.

El medio acuático –indica el instructor– nos permite flotar debajo del agua, lo que lo hace una actividad de esfuerzo muy moderado, idónea para todo tipo de condición física y adaptada, en algunos casos, a diferentes minusvalías, que disfrutan igualmente de la actividad.

Por su parte, el transporte ‘en seco’ del equipo es una parte muy pequeña de la actividad y siempre hay soluciones para facilitar ese trabajo en caso de que resulte excesivamente duro. Así, Villahoz insiste en que todo el realmente quiera bucear debe saber que su forma física no será una limitación. «En Delta Buceo estamos convencidos de que todo el que realmente quiera, puede convertirse en buceador, con la formación adecuada y el tiempo suficiente para adaptarse al medio».

Beneficios

  • Fortalece la musculatura: aunque dentro del agua no se hace la misma fuerza, durante una sesión de buceo, quien lo practica no cesa de moverse. Además, cuenta con el peso añadido del equipo.
  • Mejora el sistema respiratorio: amplía la capacidad pulmonar dado que se realiza trabajando la respiración.
  • Equilibrio emocional: el agua es terapéutica y favorece la sensación de bienestar y relajación gracias a la conexión con la naturaleza.

El primer curso de buceo, cuya certificación ya permite bajar hasta 18 metros sin necesidad de ir acompañado de un instructor, es el Open Water Diver. »En Delta Buceo lo estructuramos en 4 días o dos fines de semana, que nos dan el tiempo suficiente para enseñaros todo lo que necesitáis saber con el objetivo de sentiros cómodos y seguros bajo el agua», expone Villahoz.

A partir de ahí, añade, se abre un mundo de posibilidades formativas en función de los intereses de cada buceador: desde explorar barcos hundidos, realizar buceo nocturno, hacer inmersiones con diferentes gases, fotografía submarina, adquirir destrezas en la utilización de equipamiento específico, aprender protocolos para bucear más profundo y un largo etcétera, que, en algunos casos, se culmina dando el salto a los cursos profesionales para enseñar a otras personas a bucear y así transmitir la pasión por el mar.

Los únicos requisitos a tener en cuenta –señala el instructor– es que hay que rellenar un cuestionario médico con preguntas básicas de salud. «Y empezar el curso inicial con interés e ilusión por la actividad, sin sentirnos presionados. Así como escoger un centro que nos transmita confianza, con referencias y en el que se preocupen por ofrecer una formación segura, completa y en un formato que se nos presente muy divertido, ya que esto es una actividad de ocio».

Además, Villahoz recuerda que para aquellas personas que no quieran tirarse de cabeza al curso Open Water Diver, existe un servicio llamado coloquialmente ‘bautismo de buceo‘, «que da la oportunidad de probar cómo sería convertirse en buceador por un día, y puede ayudarnos a decidir si el buceo es lo nuestro».

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