así cambiamos cuando nos ponen los cuernos


Dentro de las relaciones monógamas, la infidelidad es probablemente el medio más proclive a destruir la pareja. Los mismos Schade y Sandberg (2012) utilizaron el término ‘lesión del apego’ para referirse a este acto y mencionaron los efectos devastadores que tenía en el vínculo conyugal.

Tal es el daño que puede hacerle a la persona afectada, que varios autores observaron que aparecía una reacción psicológica similar a la sintomatología del Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT).

Normalmente, la infidelidad no es algo que se descubra de la noche a la mañana. La psicóloga Ana Gómez (
@anagomezpsicologia
) señala que la persona que ha sido desleal suele dejar algunas pistas de manera inconsciente para que su pareja las descubra, porque no tiene suficiente coraje para confesar por sí mismo lo que ha hecho.

De esta forma fue como José se enteró de una de las infidelidades de su pareja. Tras pasar un fin de semana fuera de casa, cuando entró en su habitación percibió un olor extraño: el aroma de un perfume de chico que no era el suyo. En ese momento se quedó un poco intrigado, pero recordó que su novia le dijo el día anterior que lavaría las sábanas y así estarían limpias para cuando él volviera. «Las lavó, pero porque había estado allí con otra persona. Me di cuenta porque se le olvidó lavar uno de los cojines de la cama y de ahí era de dónde procedía el olor».

José la perdonó y llegó a pensar incluso que era el culpable de aquella infidelidad. «En ese momento trabajaba en un hotel y era complicado coincidir a causa de mis horarios. Ella era una persona a la que le gustaba mucho hacer planes y pensé que pudo hacerlo porque yo no podía darle en aquel momento lo que ella necesitaba».

Gómez explica que es muy común que personas con grandes inseguridades o baja autoestima se culpabilicen y se responsabilicen de los actos de su pareja. «Incluso, la víctima puede entrar en bucle haciendo un repaso del pasado y de todos sus movimientos, preguntándose por qué no se dio cuenta».

Este pensamiento obsesivo puede causar falta de concentración, irritabilidad, apatía y dificultades para descansar. Por lo que en estos casos es recomendable hacer terapia. A nivel de sociedad, la psicóloga declara que hay un estigma hacia la persona a la que le han sido infiel, haciendo que el sentimiento de vergüenza y el miedo a ser señalada con el dedo pueda agravar su estado emocional.

¿Perdonar o pasar página?

La decisión que tomen los miembros de la pareja –expone Gómez– estará influida por la evaluación que hagan de la situación, sus repercusiones y las expectativas que alberguen, tanto a nivel personal, racional como familiar.

«Perdonar y pasar página van de la mano. Pasar página sin perdonar se queda cojo. Para perdonar necesitamos que el otro abandone una actitud minimizadora y, en su lugar, pueda hacer un reconocimiento explícito del daño causado», explica la psicóloga.

Para ello necesitamos una disculpa sincera, honesta y honrada, pues sin ese reconocimiento es muy difícil que podamos perdonar. «Cuando perdonamos significa que dejamos a un lado el rencor y los reproches, que dejamos eso en el pasado y que apostamos por la relación. Porque si pasamos página, pero no perdonamos, significa que hay reproches de por medio y que hay cosas que aún no hemos aceptado, y eso hará mella en la relación», subraya.

Unsplash
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A veces no queremos perdonar porque creemos que nuestra pareja se merece una actitud vengativa por parte nuestra: nos ha hecho daño, pues ahora que sufra. El problema es que con esta actitud nos estamos condenando a nosotros mismos, indirectamente, a permanecer en la rabia y la ira. «Perdonar realmente significa estar en paz con uno mismo, soltar, dejar ir; no perdono por el otro, lo hago por mí, por quitarme la carga que supone llevar la cuenta y el dolor», expone Gómez.

En este sentido, si no nos vemos capaces de perdonar, porque no podemos asumir que la persona que en teoría nos quiere nos ha traicionado, es importante considerar la opción de dejar la relación. «Hay cosas que no estamos dispuestos a perdonar, y es lícito, pero en este caso lo más recomendable es poner fin», aconseja la psicóloga, porque si no abundarán los conflictos y las discusiones, y a la mínima se sacará el tema de la infidelidad.

Esto fue lo que hizo Pedro. Después de cuatro años con su pareja, vivía en una agonía continua, porque a pesar de no tener pruebas, notaba que algo no iba bien en la relación. «Ella siempre me decía que no pasaba nada, que todo estaba bien. Pero un día, en una jugada sucia por mi parte, le miré Whatsapp y abrí una conversación de un número que no tenía guardado. Y ahí estaba».

Pedro no pudo perdonarla: «Me hizo sentir mal y pasar una temporada de ansiedad muy dura. Alguien a quien le abrí mi corazón sin ningún tipo de filtro y con quien me veía el resto de mi vida, me estuvo engañando y no tuvo el valor de ser sincera antes de elegir serme infiel, y eso no puedo olvidarlo».

¿Cómo puede afectar a las siguientes relaciones?

Una infidelidad puede generar una sensación de desconfianza devastadora, haciéndonos caer en conductas tóxicas con nuestra pareja, si es que la hemos perdonado, o en futuras relaciones. Así, coger su móvil o mirar las conversaciones de Whatsapp se pueden convertir en una rutina.

Después de descubrir una infidelidad, Lorena estuvo durante un año más con su pareja, pero no era capaz de volver a confiar en él. «Me volví supertóxica: me metía en Instagram para ver qué chicas le seguían, si estaba en línea en Whatsapp… y lo acabamos dejando. Nunca conseguí superar esa traición y realmente pienso que no se vuelve a confiar igual, por mucho que lo intentes».

A Lorena esta infidelidad le ha pasado factura con sus siguientes relaciones, continuando con ese hábito tóxico que había adquirido con aquella pareja. Sin embargo, Gómez recuerda que debemos separar lo que nos ocurre con cada persona y no extrapolarlo a otras. «Tenemos que validar el que se despierten en nosotros sentimientos de celos o desconfianza, pero si observamos conductas y comportamientos derivados de estas emociones, hay que analizarlos, poner consciencia y echarles el freno. En caso de no poder, es muy recomendable hacer terapia para trabajarlo».

En el caso de Pedro, él asegura que la siguiente persona no va a pagar sus platos rotos: «Al principio fue duro, pues no era solo cortar con ella, sino también con su familia, a la que igualmente quería mucho. Pero yendo al psicólogo y llenando mi tiempo con actividades y planes con amigos se fue pasando».

*Los nombres que acompañan los testimonios de este artículo son ficticios y sus edades oscilan entre los 20 y los 30 años.

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