así piensa, actúa y manipula


No, no son monstruos, sino todo lo contrario, pues muchos narcisistas son personas atractivas, carismáticas y encantadoras. De hecho, tal como describe la psicóloga Candela Molina, de Cepsim Madrid, el perfil del psicópata narcisista se caracteriza por ser persuasivo, egocéntrico, seductor, con una imagen elevada de sí mismo y una aparente auto-confianza. Es más, no es raro encontrar este tipo de perfiles en cargos de poder, tanto en empresas como en el ámbito de la política, pues el hecho de no sentir empatía ni remordimientos a la hora de tomar decisiones que pueden causar sufrimiento en los demás (despedir a alguien, desahuciarle, utilizarle, manipularle…) les convierte en una persona apta para determinados puestos de responsabilidad.

Su forma de relacionarse con el mundo, tanto a nivel emocional como profesional, es inestable.

Así, tal como revela Molina, sus relaciones amorosas suelen ser superficiales, promiscuas y con poca intimidad. «Viven sus deseos como algo irresistible y actúan con impulsividad y guiados por la búsqueda de la gratificación constante». Además la psicóloga explica que son especialmente hábiles a la hora de captar qué sienten los demás y manipularlos para conseguir sus fines, empleando sus habilidades para lograr sus deseos, aunque eso conlleve aprovecharse, engañar o dañar a los demás. Pueden llegar incluso a usar la violencia, pues son incapaces de sentir lo que el otro siente, sea dolor o afecto.

Lo que más les preocupa

Aunque no les importe cómo repercuten sus actos en su entorno, sí que suelen tener miedo a ver dañada su imagen o su reputación, pues a menudo intentan sentirse por encima de los demás. Así, la psicóloga revela que en los momentos en los que su imagen se pone a prueba, experimentan angustia por si reciben una crítica o por si sufren algún tipo de humillación, y eso les lleva a hacer lo posible por mantener esa imagen de grandiosidad, aunque ello implique dañar o perjudicar a alguien. Esto se conoce, como aclara Molina, como ‘angustia narcisista‘ y les puede llevar a sentir envidia o deseos de devaluar a otras personas, especialmente si los consideran competidores. Su entorno se suele ver afectado e incluso puede causar algún daño en la autoestima en sus allegados porque no hay una reparación del daño que causan, ya que no asumen su responsabilidad.

¿Por qué son así?

No existe una evidencia clara sobre cuáles pueden ser la causas de este tipo de personalidad ya que, aunque la experta apunta que en ocasiones se hace referencia a traumas vividos en la infancia en realidad esto no es algo que se cumpla en todos los casos. La cuestión, según apunta Molina, es que la mayoría de las personas experimentan la culpa y desarrollan la empatía durante la infancia y si eso no se desarrolla en esa etapa es probable que no sienta nada negativo ante muchos de sus propios comportamientos.

Raramente acudirá por voluntad propia al psicólogo. Si lo hace, será por orden judicial o, por ejemplo, porque ha perdido a su pareja y quiere recuperarla. En este último caso, buscará ayuda porque es consciente de que su manipulación ya no surte efecto, pero su finalidad no es cambiar, según apunta la experta, quien además asegura que no hay un tratamiento verificado que permita cambiar a este tipo de personas. Lo que sí que pueden aprender, según matiza, es ciertas herramientas en terapia que permiten mayor bienestar y adaptación social ya que aunque no puedan empatizar emocionalmente ni tengan la necesidad de tener relaciones afectivas, sí que pueden aprender el hecho de que empatizar cognitivamente y hacer ‘cosas que sientan bien a los demás’ es una fuente de gratificación. Es decir, lo que pueden aprender es que comportarse de un modo prosocial es bueno y útil.

Sus focos de conflicto

Dos de los ámbitos en los que puede encontrar más problemas con el entorno una
persona narcisista son el laboral y el afectivo. En el primer plano, comenta la psicóloga Sara Prieto, de Centro TAP, que «la persona con trastorno narcisista puede tener dificultades para obedecer las pautas o indicaciones de sus superiores y comportamientos inadecuados con ellos y sus compañeros». Además, explica que estas personas pueden mostrarse irritables si interpretan que no se les está valorando como deberían en su empresa, exigiendo en muchos casos un trato diferente al de sus compañeros.

En las relaciones afectivas también es complejo relacionarse con una persona con trastorno narcisista. «En sus relaciones familiares, sociales o de pareja, tenderá a priorizar sus necesidades por encima de las del resto. Esta actitud de poca flexibilidad con respecto a las necesidades u opiniones de los demás, la intolerancia a las críticas y la superioridad con la que se ven, puede ser una fuente de muchos conflictos con difícil solución», agumenta Prieto.

Rasgos del perfil narcisista

Las personas que sufren este tipo de trastorno (más frecuente en adultos, hombres y personas con baja autoestima) tienen unas características peculiares que pueden ayudarnos a reconocerlos:

– Tienen una visión de sí mismos muy elevada, considerándose por encima de los demás.

– Poseen una baja capacidad de introspección y de valoración de su mundo emocional.

– Tienen falta de empatía y se mantienen centrados en sí mismos.

– Tienen un estilo de comunicación en el que el entendimiento o acuerdo con el interlocutor no existe.

– En la relación con los demás tienden a controlar y manipular al otro con el fin de conseguir sus objetivos.

– Una actitud frecuente es la de establecer relaciones desiguales en las que se posicionan por encima del otro con el fin de mostrar su superioridad.

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