por qué la exposición a ficciones aterradoras puede ser beneficioso


¿Eres de aquellos a los que les gusta celebrar Halloween? ¿O prefieres comer castañas el Día de Todos los Santos? En cualquier caso, las historias y películas de miedo son las protagonistas en estos días. Unos las aman, pero otros odian sentir un terror que les puede durar incluso días.

Y es que el miedo es una emoción básica del ser humano que puede estar producida por hechos reales o ficticios, pero que afectan de igual forma, pues es algo inconsciente. Juvenal Ornelas, psicólogo en
Mundo Psicólogos
, indica que puede darse ante una situación desconocida, riesgo o dolor, y esto se va amoldando en la etapa infantil. «También se siente miedo por el propio abandono de nuestros padres al nacer, de esa manera nace el llanto como modo de comunicación con ellos».

Esta emoción nos avisa del peligro para que podamos huir de él y salvarnos. Esta es una de sus ventajas. No obstante, hay miedos completamente instintivos como la oscuridad, la incertidumbre o la muerte, que están normalizados, pero no podemos dejar que interfieran en nuestro día a día.

En esta línea, cuanto más expuestos y de manera continuada estamos al elemento que nos produce miedo, mejor será nuestra respuesta y más lo superaremos. «Es curiosa la reacción cuando nos asustan, pues sufrimos ese impacto, pero pasado un rato, si se vuelve a usar la misma fórmula, el cerebro ya no la detecta tan intensa, aunque sigamos respondiendo con susto», apunta Ornelas.

El psicólogo sostiene que en lo que a películas de miedo se refiere, el que nos asusten más o menos tiene que ver con el desarrollo de cada individuo. «Si en tu infancia fuiste una persona con pocos miedos y muchos riesgos, afrontarás de manera más natural cualquier tipo de estímulo. Así, si a tu hijo le has enseñado a dormir a oscuras, habrá aprendido el hecho de ver sombras en la habitación».

Halloween y el miedo

Halloween es una fiesta que procede de un antiguo festival celta de hace más de 3.000 años, conocido como Samhain (fin del verano). Aunque la costumbre de celebrar esta fiesta pagana casi desapareció en España a mediados del pasado siglo, el auge de la cultura americana la ha traído de vuelta en las últimas décadas y lo ha hecho, especialmente, a través del cine.

Las calabazas no son el único elemento que han devuelto las películas. La sangre y los cirujanos o enfermeras con la sierra en la mano son también simbología típica cada vez más común en los disfraces de estas fechas. El cine ha popularizado algunos de estos elementos con la identificación de personas con problemas mentales con asesinos en serie.

Los profesionales de la Clínica López Ibor señalan que un reciente estudio de 2021 descubrió que los fans del terror y los que se sienten atraídos por situaciones de peligro o mortales, eran más resistentes psicológicamente durante la pandemia. «Los resultados señalaban que la exposición a ficciones aterradoras permite a su audiencia desarrollar estrategias beneficiosas a la hora de afrontar situaciones del mundo real, incluyendo escenarios de peligro. Los autores de dicho estudio también sugerían que la afición al horror podía ser una válvula de escape para la ansiedad».

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